Admiración y orgullo

Bastante expresiva me pareció con esa pose la pareja de palomas que fotografié en San Miguel de Allende, Guanajuato. Tanto así que uno se atreve a distinguir al macho de la hembra y a intuir con ellas algunas de las actitudes que los hombres y mujeres habitantes de esa ciudad pudieron haber tenido al recibir la noticia que anunciaba la premiación en Nueva York para San Miguel de Allende como la ciudad más bonita del mundo hace apenas unas semanas.
Ciudades como Paris, San Sebastián y Santa Fe le pisaron los talones, sin embargo, en esta ocasión el premio se quedó en una pequeña ciudad mexicana con escasos 130 mil habitantes, la gran mayoría de origen nacional, gente que lleva décadas viviendo del turismo y haciendo un esfuerzo monumental por mantener cada barda y fachada pintorescamente cuidadas, cada puerta de madera lijada, tallada o artísticamente decorada; además de su música, sus cabalgatas, la amabilidad y calidez de la gente, su comida exquisita y rincones que ya son denominados patrimonio cultural de la humanidad. No quiero dejar de mencionar lo que la naturaleza le ha regalado: un ecosistema con clima envidiable los 365 días del año con veranos moderadamente cálidos e inviernos que no pasan de ser frescos.
No cuelgan anuncios luminosos, no existen en ella rascacielos; es una ciudad más romántica y colonial que vanguardista, y la adornan escenas como estas en la foto que sin duda gozamos los turistas.
Te deseo una excelente semana de adviento.
