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El Cepillo

Aroma a limón con rojo chillante en su flor y su estambre; así se distingue este arbusto australiano conocido como cepillo que fotografié en la ciudad de México.

 

Un arbusto similar era el que floreaba en casa de mis papás, plantado en el jardín entre el cuarto de las niñas y la calle. En sus mejores épocas muy frondoso hacía las veces de persiana y así en la adolescencia me escondía tras la cortina y con refuerzo tras sus ramas para mirar discretamente lo que acontecía en mi cuadra, amplia y silenciosa, mientras desfilaba actividad.

 

Un día tocó a la puerta una señora y pidió permiso para arrancarle unos brotes, seguramente con la intención de duplicarlo en algún espacio suyo; me pareció extraño y pregunté: ¿Qué tiene este cepillo de especial?

 

Sumándose al cepillo y refrescando los veranos en extremo calurosos de mi tierra se fue desarrollando también un árbol de aguacate desde que era una planta exquisita y delicada; muy cerca crecía la higuera fértil que obsequiaba una de las frutas preferidas de mamá; en el frente un nogal tan alto que dejó un pozo significativo cuando por plaga a mis cinco años de edad lo tuvieron que talar; recuerdo los geranios a lo largo del pasillo y ese par de fresnos frescos frente al primer escalón; pero el cepillo de pie erguido que formaba cuarteto cuando de noche cantaba al pie de la ventana un trío, me sigue deteniendo mientras tararea esa letra de recuerdos cada vez que me lo topo en el camino.

 

Dedicada a mi mamá que hoy cumpliría 75 años de edad.  Ella trajo de un viaje aquel cepillo y sembró cada una de las plantas en la casa con amor. Todo mi cariño.

 

Te deseo una excelente semana.

 

 

 

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