Enigmática belleza

Creo que esta foto podrá provocar reacciones diversas en quienes la observen: repugnancia, evocación de lo bello o hay quien reclamará la carencia de ello. A este reptil que fotografié casi arrastrándome en el suelo cuando lo vi reposando en el pasto, le dejé sólo su ojo en color original al editar la foto en blanco y negro, y lo hice con la intención de resaltar el enigma en él.
Clasificado como el quinto animal más peligroso del mundo por el número de muertes que provoca al año (el hombre no entra en la clasificación porque no se compara como depredador) generalmente causa repulsión probablemente por el miedo a su mandíbula desgarradora que inquieta, y lo que no deja en paz generalmente cuestiona la belleza.
Observemos a este ser en partes: la simetría y textura en la piel del cocodrilo, la distintiva forma, la luminosidad y colorido de sus ojos, el semblante apacible en un animal de movimiento sigiloso y velocidad sorprendente; un longevo ente que es el más cercano pariente y recuerdo de los reptiles ya extintos del planeta, sin duda tiene su enigmática y exótica belleza. Eso es en partes, y viéndolo en su conjunto es un ser que existe y lo podemos conocer como bello por la armonía que yace en su propia naturaleza, la integridad en aquello que lo hace uno, la claridad inmanente que nos lleva a percibirlo tal cual es. Esta filosofía que profundiza Santo Tomás en sus escritos ha hecho mella en mi espíritu y me ha llevado a experimentar la estética de la vida con un toque de intriga por aquello que lo enigmático me ha llevado a cuestionar, y por ello me ha parecido todavía más atractiva, agradable y apetecible.
Hoy por hoy puedo decir que logro encontrar belleza en aquello en lo que se detiene mi mirada, aunque sea la más elemental pero objetiva belleza que resplandece latente en todo ser vivo; aún en el más repugnante, enigmático y polémico vestigio.
Te deseo una excelente semana.
