Puerta mexicana

Puerta antigua de madera que fotografié en Pátzcuaro. Fue lo más vistoso de la fachada y me gustó la combinación de las sombras que marcaba el alumbrado de la calle mezcladas con el desgaste y las manchas que los años le han dado a esta entrada principal.
Cuando fotografío las viviendas en pueblos coloniales me suelo detener en las puertas y ventanas porque por más sencillas que sean conservan el grabado de quien en su oficio las trabajó, y no dejan de ser las primeras piezas artísticas enmarcadas que nos dan la bienvenida a un hogar.
Gracias a mi familia, amigos y amigas que nos han abierto la puerta de su casa. Con una puerta de tabla delgada tan solo lijada y pintada yo también los recibo; y como mexicana brindo un tradicional: “aquí tienes tu casa”.
El mexicano repite con gusto esta expresión y muchas veces no sólo por costumbre; actúan las típicas frases trilladas como brochas gruesas que en la cultura pintan rápidamente, generación tras generación ya sea para bien o para mal, las puertas del corazón. Este dicho pienso que favorece ya que se distingue el mexicano como anfitrión para recibir al amigo, al turista, al lejano desconocido, tanto en casas particulares como en lugares públicos.
Recuerdo que siendo misionera llegué hace años al aeropuerto cargando maletas muy pesadas y un hombre me dijo: “le ayudo”, con tristeza le advertí: “no tengo un solo peso para darle” y me respondió: “Despreocúpese, usted ha llegado a México”. No lo olvido; en ese momento no le pude recompensar más que con la sonrisa y la alegría de saber que tarde o temprano en la vida eso se le iba a regresar de mil maneras buenas. Esta foto y mi oración por él hoy.
Te deseo una excelente semana.
