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Un nuevo atardecer

Atardecer en Dzemul

Nunca me imaginé que fotografiando el atardecer a la orilla de la carretera a Dzemul vería lo que aquí muestro en la foto: el sol envolviendo a tres aves en vuelo; un sol tan colorido como las salinas y flamingos que embellecen los litorales yucatecos.

 

El sol se enrojece a medida que se acuesta en el poniente y va cambiando la intensidad durante los pocos minutos que dura el espectáculo. El camino de los rayos de luz se va haciendo más largo a medida que se esconde en el horizonte, por lo que el sol desde un blanco deslumbrante que no se puede mirar directamente se va pintando de fabulosos tonos que se aprecian sin molestia: intenso amarillo, durazno, rosa y finalmente rojo.  Aquí se muestran los tres tonos anteriores al clímax colorado.

La novedad de cada día me apasiona.  Nunca habrá un atardecer igual como nunca hay un día igual a otro aunque realicemos exactamente lo mismo.  Esa combinación del polvo, gas y agua en el ambiente nos dará cada tarde un estampado único.  Igualmente el hoy siempre tendrá factores que plasman lo nuevo y especial: esa sonrisa, esa actitud ante la noticia, ese destierro del miedo, esa observación y asombro por lo bello.   La gente en su actividad cotidiana...como partículas diminutas en el ambiente que contribuyen a la difusión de los fabulosos rayos de sol.

Con esta imagen te comparto mi recuerdo del ayer, mi gozo hoy, y mi ilusión por un nuevo atardecer.

Que tengas una excelente semana.

 

 

 

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